Tokio, la ciudad más cara del mundo

Tokio, la ciudad más cara del mundo

Tokio ha sido tradicionalmente conocida como una ciudad especialmente cara, entre las más caras del mundo. Ha llegado a ocupar el primer puesto del ranking en artículos y estudios como el publicado en Europa Press hace un par de años (repitiendo puesto el año pasado), junto a Osaka, curiosamente también en Japón, y Moscú.

Para llegar a tan contundente conclusión, se han estudiado y contrastado los precios de 160 artículos, desde el del pan hasta el de un coche de lujo, de entre 140 ciudades de todo el mundoBienes de consumo y servicios declaran pues, que vivir el camino de la rectitud zen, el equilibrio del feng-shui o la salubridad del té verde acaba costando un precio: el precio más alto del mundo.

Ahora bien, el coste de la vida en una ciudad no es 100% representativo a la hora de, por ejemplo, realizar un viaje. El vuelo, por ejemplo, no sale caro al contrastar el precio con la distancia, y dependiendo de la compañía y la temporada, puede resultar más económico que otros destinos más próximos. En cuanto a la estancia, cierto es que el espacio en Japón se paga a precio de oro, pero en todo caso hablamos de la residencia permanente. En cuanto a hoteles, Tokio disfruta de tal abanico de posibilidades que es muy fácil encontrar habitaciones dobles por no más de 50 euros. El transporte es indiscutiblemente caro, pero ofrece un servicio casi premium: rápido, puntual, de calidad. Y en cuanto a la comida, Japón disfruta de la mejor calidad-precio del mundo: una calidad excelente a unos precios más que razonables. Vestirse es como todo, depende de lo que busques, pero nunca nada escandaloso. Y la cultura (museos, exposiciones y demás) es más que accesible para todos…

Mil ejemplos más ilustrarían la relatividad de esta afirmación y justifican el alto nivel de turismo que sigue manteniendo la ciudad nipona. Ahora bien, el avance, la tecnología, el civismo, la educación y la paz han pagado un alto precio, quizás el más alto de todos: la calidad de vida. Jornadas de 12 horas, inexpresividad emocional (al menos en público) y espacios ínfimos de vida son algunas de las monedas de cambio para una calidad de vida más que relativa en la que se ha venido a llamar “la ciudad más cara del mundo“.